Lo que se nota cuando se llegue al monasterio, es la amplitud del paisaje que se abre ampliamente sobre la bahía de Fort de France: tienen aquí dos vistas.


Del otro lado, hacia el Norte, los Pitons (picos) del Carbet se imponen con sus cumbres redondeadas.

Cuando nos encontramos en el monasterio, tenemos la iglesia al norte (al lado),
el refectorio al sud,

y las células de los monjes al este, (al lado) lo que constituye una superficie casí cuadrada, como ocurre con los claustros de los monasterios construidos de manera tradicional.